ME PONE LOS PELOS DE PUNTA LEER ESTO. GRACIAS A QUIEN LO ESCRIBIÓ!


Para algunos, la superioridad que ha demostrado Salgueiro dominando de principio a fin la Volta a Galicia ha sido un inconveniente para la emoción que todos buscamos al disfrutar de una prueba ciclista. Los pronósticos y los resultados anteriores le avalaban: y cumplió las expectativas.
Pero el hecho de que Salgueiro partiese como favorito no le quita un ápice de valor a su victoria, sino al contrario. Enrique salió a demostrar que merece volver al profesionalismo, la categoría en la que llevaba ya un lustro y de la que nunca debió salir.
No es fácil ser profeta en tu tierra, y pocos como él lo han experimentado a lo largo de su carrera. Muy pocos gallegos han tenido en los últimos años actuaciones tan destacadas como las que ha protagonizado él en estos cinco años: victoria en los Pirineos, grandes resultados en las clásicas españolas... Y todo después de tener que emigrar a Portugal primero, y a Extremadura después en busca de la oportunidad que en un principio el Karpin Galicia le negó.
Su condición de gallego y las buenas actuaciones le brindaron, al fin, la oportunidad que él creía y sabía que merecía. Pero sólo un año después, las puertas del equipo gallego, de su casa, del conjunto en el que estaba llamado a dar todo lo que lleva dentro volvieron a cerrarse.
Está claro que un equipo no está formado siempre por los mejores, sino por aquellos que decide el cuerpo técnico. Y Salgueiro se sintió decepcionado al saber que, aún teniendo las cualidades necesarias para tener un hueco (y no sólo secundario) dentro del equipo, la temporada pasada ya no iba a formar parte del equipo de su casa.
Lejos de venirse abajo, y reconociendo que su año en el Xacobeo no había demostrado todo lo que tenía dentro, pidió una segunda oportunidad en el Extremadura-Spiuk. Y respondiendo a la confianza que depositaron en él, ofreció su mejor versión a lo largo de toda la temporada, sin descentrarse, ocupándose exclusivamente de lo que mejor sabe hacer: ser ciclista.
La mala noticia, que parecía anunciada con las dificultades económicas del equipo, se consumó con el descenso de categoría de la escuadra y el retorno al campo amateur. Enrique, a quien nunca se le cayeron los anillos por reclamar lo que creía que le correspondía, buscó denodadamente un último hueco en profesionales pero, esta vez sin suerte. Todavía recuerdo una entrevista en la televisión local compostelana en la que sus palabras hablaban de esperanza, pero sus ojos y su voz mostraban claramente su resignación; y lejos de rendirse, de perder la motivación, decidió darlo todo en esta temporada.
Quien lo conoce dice que está fino como nunca; Enrique, que siempre destacó por funcionar en cierta medida como los genios, sin término medio, ha pasado de dar una de cal y una de arena a ofrecer solamente su mejor versión, la del ciclista total: rápido, escalador, atacante... Hoy sería difícil definir en qué terreno se defiende mejor.
Salgueiro tiene una gran virtud, que lo diferencia de muchos ciclistas y que le han llevado a dar un paso atrás con la esperanza no de volver a dar un paso adelante, sino tres: Salgueiro es ambicioso, confía en sus posibilidades, y ha sabido canalizar toda esa rabia contenida por no sentirse valorado como cree que merece convirtiéndola en sacrificio, tesón y madurez. Y la emoción que demostró al saberse ganador en la vuelta de su tierra demuestra que tiene hambre, que ama este deporte y que sus rivales deben tenerle algo más que respeto, porque no parece tener intención de regalar nada a nadie. Porque nadie se lo ha regalado a él.
Fuente: desporta.blogspot.com/2009/09/la-victoria-de-la-rabia.html

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